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Cuatro piedras naturales enmarcadas en bisel dorado y unidas una debajo de otra hasta los 60 mm de largo. Arriba, junto al poste, una gota pequeña de ágata roja; debajo, un cuadrado de madreperla (nácar) blanca y otro de labradorita gris; y para terminar, una gota alargada de ágata roja, la pieza más grande. Todas van pulidas en cabujón, lisas, y montadas en plata de ley 925 chapada en oro de 18 quilates.
Para quien se atreve con un pendiente largo y de color. El rojo intenso de la ágata pide ropa lisa en negro, blanco o camel, y luce mucho en una cena o un evento de tarde.