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Una roseta de brillantes se apoya en el lóbulo y de ella baja una barra fina, también cubierta de piedras, que termina en una gota en pavé. Entre los dos pendientes, los brillantes suman 0,68 quilates. El engaste en pavé coloca las piedras muy juntas, de forma que toda la pieza brilla de arriba abajo. Montados en oro blanco de 18 quilates, se sujetan con poste y cierre de presión.
Pensados para una boda, una fiesta o una noche especial. Con el pelo recogido lucen todo su largo.